
Hoy me desperté a las 5:55.
Me ha bajado la regla y, siendo honesta, no tenía muchas ganas de hacer ejercicio.
Antes me habría exigido hacerlo igual. Hoy decidí escucharme.
Empecé con mi vaso de agua con limón.
Después me preparé mi té caliente de limón con aloe. Siento que me cae tan bien… y justo en estos días de regla, aún más. Es como si mi cuerpo lo agradeciera especialmente.
En lugar de entrenar, hice algo diferente:
un poco de estiramientos suaves mientras escuchaba un audio de motivación.
No fue un entrenamiento intenso.
Fue conexión.
Desayuné mi batido de proteínas, hice mi rutina de casa y empecé mi jornada de trabajo.
A media mañana sentí muchas ganas de dulce.
Seguramente por mis días del ciclo. En lugar de luchar contra ello, elegí algo sencillo: una tostada con mermelada de frutos rojos.
En la comida tenía bastante hambre.
Preparé pollo al horno con patatas y ensalada. De postre, mi té calentito. Y seguí trabajando.
Mi merienda fue un huevo cocido con palitos de zanahoria.
Hoy la energía estuvo un poco más baja.
Me sentía con frío y bastante inflamada. Esos días en los que el cuerpo pesa un poco más.
Cené mi batido de proteínas y decidí descansar sin exigirme más.
Lo que sentí hoy
Energía: 6/10
Hambre: Más alta de lo habitual
Ansiedad por dulce: Presente
Inflamación: Alta
Estado físico: Con frío y más sensible
Lo que aprendí
No todos los días son para empujar.
Algunos días son para acompañar.
Escuchar mi cuerpo durante la regla no es debilidad.
Es respeto.
Hoy no hice ejercicio intenso.
Pero sí hice algo importante: no me forcé.
Y eso también es avanzar.
Porque este proceso no se trata de exigirme más…
Se trata de cuidarme mejor.
Cuidarme también es una forma de amor.